Jornada y salario: trabajar menos también es ganar más
Reducir la jornada no es perder productividad, es recuperar equilibrio
Hablar de jornada laboral no es hablar solo de horarios. Tampoco es discutir una cifra fría en una tabla de convenio. Cuando hablamos de jornada, hablamos de algo mucho más profundo: hablamos de tiempo de vida, de salud, de conciliación, de salario real y de cómo se reparte de forma justa la productividad que genera la plantilla.
Por eso, desde CCOO defendemos que la reducción de jornada debe ocupar un lugar central en el XIII Convenio. No como una concesión amable de la empresa, ni como una medida decorativa para vestir de modernidad el texto convencional, sino como un derecho laboral plenamente justificado por la evolución real del trabajo en Red Eléctrica.
La propuesta es clara: avanzar hacia una jornada anual más reducida, con un calendario progresivo que permita alcanzar las 1.592 horas anuales, equivalentes a una jornada media de 35 horas semanales, antes de finalizar la vigencia del convenio. Y hay un elemento esencial que no puede quedar en segundo plano: esa reducción debe aplicarse sin pérdida salarial. La propuesta no habla de trabajar menos cobrando menos. Habla de trabajar menos cobrando lo mismo, porque cada hora trabajada vale más.
La jornada también forma parte del salario
Durante demasiado tiempo se ha presentado el salario como si fuera únicamente la cantidad que aparece en la nómina a final de mes. Esa visión es incompleta. El salario no puede separarse del tiempo que entregamos para obtenerlo. No es lo mismo cobrar una determinada cantidad por 1.686 horas anuales que cobrarla por 1.640 o por 1.592.
La diferencia es evidente: cuando se reduce la jornada sin reducir el salario, aumenta el valor de cada hora trabajada. Eso es salario real. Eso es poder adquisitivo medido de otra manera. Eso es reconocer que el tiempo de las personas trabajadoras tiene un valor económico y humano.
Por eso, cuando defendemos la reducción de jornada, no estamos planteando una reivindicación menor. Estamos defendiendo una mejora salarial estructural. No sube solo lo que cobramos. Sube también lo que vale nuestro tiempo.
En una empresa como Red Eléctrica, donde el nivel de responsabilidad técnica, presión operativa, exigencia regulatoria y complejidad profesional ha crecido de forma evidente, este debate resulta especialmente necesario. La plantilla no trabaja hoy en el mismo contexto que hace veinte años. La digitalización, la integración masiva de renovables, la gestión de sistemas cada vez más complejos y la exigencia permanente de disponibilidad técnica han cambiado profundamente la naturaleza del trabajo.
Sin embargo, la jornada no ha evolucionado al mismo ritmo. Esa contradicción debe corregirse.
La productividad no puede quedarse solo en la empresa
Cuando una organización mejora sus procesos, incorpora tecnología, automatiza tareas, digitaliza procedimientos y exige más capacidad técnica a su plantilla, se produce un aumento de productividad. Esa productividad no puede traducirse únicamente en mejores resultados empresariales, más eficiencia organizativa o mayor capacidad operativa.
También debe traducirse en mejores condiciones laborales.
Desde CCOO lo decimos con claridad: si el trabajo se ha intensificado, si las responsabilidades han aumentado y si cada persona trabajadora aporta más valor que antes, una parte de esa mejora debe volver a la plantilla en forma de tiempo recuperado.
No se trata de trabajar menos porque sí. Se trata de reconocer que el tiempo de trabajo no puede seguir expandiéndose de forma invisible mientras la vida personal se va estrechando. Se trata de aceptar que una empresa moderna no se mide solo por su tecnología, sus inversiones o su posición estratégica, sino también por la calidad del empleo que ofrece.
Una compañía avanzada no puede sostener una cultura laboral basada en alargar jornadas, normalizar la disponibilidad y tratar el tiempo de descanso como si fuera una variable secundaria. La eficiencia verdadera no consiste en ocupar más horas. Consiste en organizar mejor el trabajo.
Menos jornada, más salud
Reducir la jornada también es una medida de salud laboral. Esto conviene repetirlo sin complejos. El cansancio no siempre se ve, pero pesa. La carga mental no siempre aparece en un parte médico, pero existe. La presión continuada, los plazos exigentes, la hiperconectividad y la sensación de estar siempre pendiente del trabajo generan desgaste.
La salud laboral del siglo XXI no puede limitarse a evitar accidentes físicos. También debe proteger frente a la fatiga, el estrés sostenido, la saturación mental y la pérdida progresiva de control sobre el propio tiempo.
Una jornada más razonable permite descansar mejor, organizar mejor la vida personal y reducir esa sensación de vivir siempre con el reloj en contra. También ayuda a prevenir conflictos familiares, agotamiento emocional y desafección profesional. Porque cuando la empresa se queda con demasiado tiempo, no solo afecta al trabajador o trabajadora. Afecta a su familia, a sus cuidados, a su descanso y a su vida social.
Por eso defendemos una reducción de jornada que no sea simbólica. Tiene que ser real, medible y garantizada en convenio. Las buenas intenciones no bastan. La plantilla necesita derechos concretos.

Trabajar menos no significa trabajar peor
Uno de los argumentos clásicos contra la reducción de jornada es que podría afectar a la productividad o a la organización del servicio. Es un argumento conocido, pero no siempre honesto. Muchas veces se confunde tiempo de presencia con trabajo efectivo. También se confunde disponibilidad con compromiso.
La experiencia demuestra que una plantilla descansada, motivada y con capacidad para ordenar su vida trabaja mejor. No hace falta estar más horas para aportar más valor. De hecho, muchas veces ocurre lo contrario: las jornadas largas producen cansancio, errores, menor concentración y más desgaste.
En una empresa de alta cualificación, el valor no está en calentar una silla ni en multiplicar horas de presencia. Está en el conocimiento, en la responsabilidad, en la experiencia acumulada y en la capacidad de resolver problemas complejos. Precisamente por eso, cuidar el tiempo de la plantilla es cuidar la calidad del trabajo.
La reducción de jornada debe ir acompañada de una organización más racional. No puede convertirse en una excusa para intensificar ritmos, concentrar cargas o exigir lo mismo en menos tiempo sin revisar procesos. Ahí también estaremos vigilantes. Reducir jornada no puede significar comprimir el trabajo hasta hacerlo irrespirable.
Una reivindicación de justicia, no un privilegio
A veces se intenta presentar la reducción de jornada como si fuera una aspiración excesiva. No compartimos esa visión. Nos parece mucho más excesivo que la mejora de la productividad no llegue nunca al tiempo de vida de quienes la hacen posible.
La plantilla de Red Eléctrica sostiene una actividad esencial. Su trabajo exige responsabilidad, profesionalidad y compromiso. Precisamente por eso merece un convenio que mire hacia delante y no se limite a administrar inercias del pasado.
Defender una jornada de 35 horas semanales en cómputo anual no es mirar atrás. Es mirar hacia el modelo laboral que necesita una empresa moderna. La transición energética, la digitalización y la complejidad creciente del sistema eléctrico no pueden construirse sobre una plantilla agotada. Necesitan profesionales reconocidos, protegidos y con condiciones laborales dignas.
Además, la reducción de jornada también tiene una dimensión colectiva. Puede favorecer una mejor distribución del empleo, reducir desigualdades, mejorar la corresponsabilidad y abrir la puerta a una organización menos presencialista y más inteligente.
El tiempo también se negocia
En la negociación del XIII Convenio no solo estamos hablando de salarios, clasificación profesional o beneficios sociales. Estamos hablando también del tiempo. Y el tiempo no es una cuestión menor. Es uno de los grandes conflictos laborales de nuestro tiempo.
La empresa organiza, planifica y exige. La plantilla responde, sostiene y cumple. Pero ese equilibrio no puede construirse siempre desde la misma lógica: que la persona trabajadora adapte su vida a las necesidades de la organización. También la organización debe adaptarse a la vida real de las personas.
Por eso, para CCOO, la jornada debe convertirse en una reivindicación central. Queremos una reducción progresiva, clara, garantizada y sin pérdida económica. Queremos que el salario hora aumente. Queremos que la productividad se reparta también en forma de tiempo. Queremos que la plantilla gane vida sin perder salario.
Esa es la clave: trabajar menos también es ganar más.
Ganar más no siempre significa únicamente ingresar más dinero. También significa recuperar tardes, descanso, salud, familia, proyectos personales y capacidad para vivir sin que el trabajo lo ocupe todo. Significa que el convenio no solo regule nuestra nómina, sino también nuestra dignidad cotidiana.
Desde CCOO defendemos que el XIII Convenio debe avanzar en esa dirección. Porque una empresa que exige responsabilidad debe ofrecer corresponsabilidad. Porque una plantilla que sostiene una actividad esencial merece tiempo para vivir. Y porque el progreso laboral, si no llega al reloj, se queda a medias.
