La jornada de 35 horas: una reivindicación moderna

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La jornada de 35 horas: una reivindicación moderna, no una nostalgia sindical

Una empresa moderna necesita una jornada moderna

Hablar de la jornada de 35 horas no es mirar al pasado. Es exactamente lo contrario. Es mirar de frente al presente y preguntarnos si una empresa estratégica, tecnológica y altamente cualificada puede seguir organizando el tiempo de trabajo con esquemas que ya no responden a la realidad actual.

Desde CCOO lo tenemos claro: la reducción progresiva de jornada debe ser una de las piezas centrales del XIII Convenio. No por inercia sindical, no por repetir una consigna histórica, sino porque el trabajo ha cambiado profundamente. La responsabilidad técnica ha crecido, la carga mental se ha intensificado y la complejidad del sistema eléctrico exige una plantilla preparada, concentrada y con condiciones laborales acordes con el valor que aporta.

La propuesta del XIII Convenio plantea una jornada máxima de 1.640 horas efectivas durante el primer año de vigencia y un calendario vinculante de reducción progresiva hasta alcanzar las 1.592 horas anuales, equivalentes a una jornada media de 35 horas semanales, antes del 31 de diciembre de 2030. Además, esa reducción se formula sin merma salarial y como una revalorización del salario hora consolidado.

Esa es la clave. No hablamos de trabajar menos para producir menos. Hablamos de trabajar mejor, con más equilibrio, con más salud y con una organización más inteligente.

La jornada actual responde a otro tiempo

El debate sobre las 35 horas suele estar cargado de prejuicios. Algunas voces lo presentan como una reivindicación antigua, casi como una pieza de museo del sindicalismo clásico. Nada más lejos de la realidad. Lo antiguo, en realidad, es pensar que la productividad depende de estar más horas.

Lo que ha envejecido no es la reivindicación de reducir jornada. Lo que ha envejecido es la cultura del presentismo, la idea de que más tiempo disponible equivale automáticamente a más compromiso y la visión de que la vida personal debe adaptarse siempre a la lógica empresarial.

Red Eléctrica no es hoy la misma empresa que hace décadas. La digitalización, la automatización, la integración de renovables, la gestión de una operación más compleja y el incremento de las exigencias regulatorias han transformado el contenido del trabajo. Las personas trabajadoras no solo hacen tareas. Gestionan información, responsabilidad, presión técnica, coordinación y decisiones que requieren concentración y solvencia.

Por eso, la jornada debe evolucionar. No puede quedarse congelada mientras todo lo demás cambia.

Reducir jornada es repartir productividad

Cada mejora tecnológica, cada procedimiento más eficiente y cada salto organizativo genera valor. La cuestión es sencilla: ¿a dónde va ese valor?

Puede quedarse únicamente en la empresa, en forma de mayor eficiencia, mejores indicadores, más capacidad operativa o más exigencia sobre la plantilla. También puede repartirse de forma justa, incorporando una parte de esa productividad al tiempo de vida de quienes la hacen posible.

Desde CCOO defendemos lo segundo.

La reducción de jornada sin pérdida salarial es una forma directa de reconocer que el aumento de productividad no puede ser siempre unilateral. Si cada persona trabajadora aporta más valor, si la organización exige mayor cualificación y si el sistema requiere más responsabilidad, resulta razonable que una parte de esa mejora vuelva a la plantilla.

No todo se compensa con dinero. También se compensa con tiempo. Y el tiempo, conviene recordarlo, no es un complemento menor. Es una dimensión esencial de la dignidad laboral.

jornada de 35 horas

Las 35 horas no son una amenaza para la eficiencia

Hay un discurso que aparece siempre que se plantea reducir jornada: el miedo a que la empresa funcione peor. Conviene desmontarlo con serenidad. Una jornada más corta no implica necesariamente menos eficiencia. En muchos casos, obliga a organizar mejor, a eliminar tiempos improductivos, a revisar cargas, a planificar con más rigor y a dejar de confundir disponibilidad con rendimiento.

La eficiencia no consiste en mantener a la plantilla más tiempo atrapada en la jornada. Consiste en utilizar bien el tiempo de trabajo.

Una empresa madura debería preguntarse cuántas reuniones son realmente necesarias, cuántos procesos podrían simplificarse, cuántas tareas se duplican, cuánta burocracia interna consume horas sin aportar valor y cuánto desgaste produce una organización que muchas veces exige concentración máxima en jornadas demasiado largas.

Reducir jornada no debe significar hacer lo mismo con más presión. Ese riesgo existe, y por eso la reivindicación debe ir acompañada de una mejora real de la organización del trabajo. Si la reducción se traduce en intensificación, no habremos avanzado lo suficiente. La jornada de 35 horas tiene que ser una medida de modernización, no una excusa para apretar más.

Salud laboral: el argumento que no se puede ignorar

La salud laboral ya no puede limitarse a evitar accidentes físicos. En una empresa como Red Eléctrica, la fatiga mental, el estrés sostenido y la presión asociada a tareas técnicas de alta responsabilidad son factores que deben tomarse en serio.

No todo desgaste se ve. No todo cansancio queda registrado. Muchas veces la plantilla sigue cumpliendo, responde, sostiene el trabajo y mantiene el nivel profesional, pero lo hace acumulando una fatiga que termina pasando factura.

Una jornada más razonable ayuda a reducir esa presión. Permite descansar mejor, recuperar energía, desconectar de verdad y sostener una carrera profesional larga sin convertir el compromiso en agotamiento. La prevención moderna no puede actuar solo cuando el problema ya ha aparecido. Debe anticiparse.

Ahí la reducción de jornada tiene un sentido profundo. No es una comodidad. Es prevención. Es cuidado de la plantilla. Es inteligencia organizativa.

La jornada también afecta a la igualdad

La organización del tiempo nunca es neutra. Las jornadas largas, rígidas o mal distribuidas penalizan más a quienes tienen responsabilidades familiares o de cuidados. Y aunque la corresponsabilidad debe avanzar en toda la sociedad, la realidad demuestra que las cargas de cuidado siguen teniendo un impacto desigual.

Por eso, reducir jornada también tiene una dimensión de igualdad. Una jornada más corta y mejor ordenada facilita la vida de todas las personas, pero especialmente de quienes necesitan compatibilizar empleo, familia, cuidados y responsabilidades personales.

CCOO no defiende las 35 horas como una medida aislada. La defendemos como parte de un modelo laboral más equilibrado. Menos tiempo atrapado en la jornada significa más posibilidades reales de compartir cuidados, participar en la vida familiar, atender la salud, formarse, descansar y vivir.

Una empresa que habla de igualdad no puede desentenderse del tiempo. Porque muchas desigualdades no nacen solo del salario. También nacen de quién puede disponer de su tiempo y quién no.

Una transición energética justa también debe ser laboral

Red Eléctrica ocupa una posición estratégica en la transformación del sistema eléctrico. Esa realidad exige responsabilidad, conocimiento y compromiso profesional. Pero también exige coherencia.

No se puede hablar de modernización energética, digitalización y futuro mientras se mantiene una organización del tiempo propia de otra época. La transición energética no puede construirse sobre una plantilla sometida a más carga, más presión y más disponibilidad sin una mejora equivalente de sus condiciones laborales.

Desde CCOO defendemos que el XIII Convenio debe conectar el futuro de la empresa con el futuro de la plantilla. Si la compañía cambia, el convenio también debe cambiar. Si el trabajo se vuelve más complejo, la jornada debe adaptarse. Si se exige más valor, debe reconocerse mejor el tiempo de quienes lo generan.

La jornada de 35 horas es una pieza de esa transición laboral.

No es nostalgia sindical, es sentido común

La reivindicación de las 35 horas tiene historia, por supuesto. Muchas conquistas laborales importantes la tienen. Pero que una idea tenga historia no significa que esté superada. También tienen historia las vacaciones pagadas, la negociación colectiva, la prevención de riesgos o el derecho a la representación sindical. Y nadie serio diría que son reliquias del pasado.

La pregunta no es si la jornada de 35 horas viene de una tradición sindical. La pregunta es si responde a las necesidades actuales de la plantilla. Y la respuesta es sí.

Responde a la necesidad de salud. Responde a la necesidad de conciliación. Responde a la necesidad de repartir productividad. Responde a la necesidad de actualizar una empresa tecnológica. Responde, en definitiva, a una idea muy sencilla: el progreso no puede medirse solo por lo que produce una organización, sino también por cómo viven quienes la sostienen.

El XIII Convenio debe mirar hacia delante

El XIII Convenio no puede limitarse a ordenar lo ya existente. Debe abrir una etapa nueva. La reducción progresiva hacia las 35 horas semanales en cómputo anual es una propuesta seria, razonable y perfectamente coherente con el nivel de responsabilidad de la plantilla.

No estamos pidiendo menos compromiso. Estamos exigiendo más equilibrio. No estamos cuestionando la importancia del servicio. Estamos defendiendo que un servicio esencial necesita profesionales cuidados, descansados y reconocidos. No estamos planteando una medida simbólica. Estamos defendiendo una mejora estructural de las condiciones de trabajo.

Desde CCOO queremos que la jornada deje de ser una carga heredada y se convierta en una herramienta de modernización laboral. Queremos una empresa más eficiente, sí, pero también más justa. Queremos productividad, pero también tiempo de vida. Queremos futuro, pero no a costa del desgaste silencioso de la plantilla.

La jornada de 35 horas no es nostalgia. Es una reivindicación plenamente actual. Y, sobre todo, es una forma concreta de decir que el progreso laboral debe llegar también al reloj.

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