Clasificación profesional: el gran déficit estructural

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Clasificación profesional: que el puesto reconocido se parezca al trabajo real

El nombre del puesto no siempre cuenta toda la verdad

En cualquier empresa compleja hay una distancia que conviene mirar de frente: la que puede existir entre el puesto que figura sobre el papel y el trabajo que realmente se realiza cada día. A veces esa distancia es pequeña. Otras veces, sin embargo, se convierte en un problema serio de reconocimiento profesional, retribución y justicia interna.

Desde CCOO defendemos que la clasificación profesional debe reflejar las funciones reales, no solo el nombre formal del puesto, la etiqueta organizativa o la descripción genérica que aparece en un documento. La carrera profesional no puede construirse sobre ficciones. Si una persona asume responsabilidades, competencias o cargas propias de un grupo superior, esa realidad debe reconocerse.

Este debate no es técnico en el mal sentido de la palabra. Es profundamente práctico. Afecta al salario, a la promoción, al acceso a niveles profesionales, a la movilidad funcional, a la igualdad retributiva y al respeto que merece el trabajo efectivamente realizado.

Clasificar bien es reconocer bien

La clasificación profesional no es una cuestión administrativa menor. Es la base sobre la que se ordena buena parte de la relación laboral. Determina el grupo profesional, condiciona la retribución, influye en la carrera futura y marca qué funciones pueden exigirse legítimamente.

Por eso CCOO defiende que el sistema de clasificación debe ser claro, actualizado, objetivo y verificable. No puede funcionar con descripciones vagas, perfiles desfasados o categorías que no captan la complejidad real del trabajo actual.

El XIII Convenio articula el sistema de clasificación en torno a grupos profesionales y establece que el encuadramiento de los puestos debe realizarse mediante una valoración analítica basada en cuatro factores objetivos: competencias, esfuerzo, responsabilidad y condiciones de trabajo.

Esta orientación es fundamental. Supone pasar de una clasificación meramente formal a una clasificación que mira el valor real del trabajo. No basta con preguntar qué título tiene una persona o cómo se llama su puesto. Hay que analizar qué sabe, qué hace, qué esfuerzo exige su función, qué responsabilidad asume y en qué condiciones trabaja.

Competencias: lo que se sabe y lo que se sabe hacer

El primer factor es evidente: las competencias. Aquí no hablamos solo de titulación académica. Hablamos de conocimientos técnicos, habilidades digitales, capacidades relacionales y aptitudes adquiridas mediante formación reglada o experiencia profesional.

En Red Eléctrica, muchas competencias críticas no se aprenden únicamente en un aula. Se adquieren con años de trabajo, con exposición a situaciones complejas, con participación en proyectos, con aprendizaje operativo y con una comprensión profunda de procedimientos, herramientas y riesgos.

Desde CCOO defendemos que todo ese conocimiento tenga valor. La experiencia profesional no puede quedar invisibilizada. Tampoco las nuevas competencias digitales, la capacidad de manejar sistemas avanzados, la comprensión de procesos críticos o la adaptación a tecnologías emergentes.

Si el puesto exige más conocimiento del que reconoce su clasificación, hay un problema. Y ese problema debe resolverse con revisión de encuadramiento, no con resignación.

Esfuerzo: también cuenta la carga mental

El segundo factor es el esfuerzo. Y aquí conviene ser especialmente claros. El esfuerzo no es solo físico. También puede ser intelectual, emocional, psicosocial y mental.

Hay puestos donde la carga principal está en la toma de decisiones críticas, la atención sostenida, la presión operativa, la complejidad técnica, la gestión de incidencias o la responsabilidad de actuar con precisión en entornos donde el error puede tener consecuencias importantes.

El XIII Convenio incluye dentro del esfuerzo las exigencias físicas, intelectuales y psicosociales inherentes al puesto, incluyendo la fatiga, el estrés derivado de la toma de decisiones críticas y la carga mental.

Este reconocimiento es muy importante. Durante demasiado tiempo, muchas cargas han sido invisibles porque no se veían desde fuera. La fatiga de un turno, la tensión de una operación crítica, la presión de una intervención de mantenimiento, la atención continuada o la responsabilidad técnica no pueden tratarse como elementos secundarios.

Si el trabajo desgasta más, exige más o implica mayor tensión, la clasificación profesional debe reflejarlo.

Responsabilidad: no todo pesa igual

El tercer factor es la responsabilidad. No todas las decisiones tienen el mismo impacto. No todas las funciones implican el mismo grado de autonomía, afectación sobre activos, seguridad operativa, confidencialidad o coordinación de equipos.

Desde CCOO defendemos que la responsabilidad real debe valorarse de manera expresa. En una empresa como Red Eléctrica, muchas tareas tienen un impacto directo o indirecto sobre la seguridad del sistema eléctrico, la continuidad del servicio, la gestión de infraestructuras críticas o la calidad de decisiones técnicas relevantes.

El texto del XIII Convenio incluye dentro de la responsabilidad el grado de autonomía, el impacto de las decisiones en la seguridad del sistema eléctrico, la gestión de equipos humanos, la responsabilidad sobre activos materiales y la confidencialidad de la información.

Este enfoque permite reconocer mejor lo que realmente está en juego en cada puesto. No es lo mismo ejecutar tareas simples y estandarizadas que tomar decisiones técnicas con impacto operativo. Tampoco es igual colaborar puntualmente que asumir de manera estable responsabilidad sobre procesos, activos o personas.

La clasificación profesional debe distinguir esas diferencias.

Condiciones de trabajo: lo que rodea al puesto también importa

El cuarto factor son las condiciones de trabajo. Aquí se incorporan elementos que a menudo han sido tratados como complementos aislados, pero que también forman parte del valor real del puesto: entorno físico, exposición a riesgos, penosidad, peligrosidad, disponibilidad, turnicidad o movilidad geográfica.

Desde CCOO defendemos que estas condiciones no pueden quedar fuera de la valoración profesional. Trabajar en campo no es lo mismo que trabajar en oficina. Estar sujeto a turnos, disponibilidad, movilidad o condiciones de riesgo no es neutro. La clasificación debe captar esas diferencias.

El XIII Convenio incluye expresamente estos elementos dentro del sistema de valoración analítica de puestos.

Esta perspectiva es especialmente relevante para colectivos técnicos, operativos, de mantenimiento, turnos, retenes y funciones con exigencias específicas. Si las condiciones del puesto son más penosas, más exigentes o más críticas, deben influir en su valoración profesional.

No todo el valor se ve desde un organigrama. Muchas veces se ve mejor desde el terreno, desde el centro de control, desde la subestación o desde la responsabilidad diaria de sostener el servicio.

Grupos profesionales: ordenar sin encorsetar

El XIII Convenio establece una estructura de grupos profesionales que distingue distintos niveles de complejidad, responsabilidad y contenido funcional. El Grupo G1 se orienta a funciones de alta complejidad técnica, diseño, planificación estratégica o asesoramiento experto. El G2 agrupa funciones de desarrollo técnico, implementación, programación avanzada, supervisión de sistemas en tiempo real y control operativo. El G3 recoge tareas de ejecución directa, mantenimiento, operación de campo, procedimientos y seguimiento administrativo especializado. Finalmente, el G4 se vincula a funciones de soporte administrativo, atención al usuario, gestión documental y tareas auxiliares estandarizadas.

Esta estructura puede ser útil si se aplica correctamente. Pero para que funcione, la adscripción a un grupo debe depender de las funciones reales desempeñadas, no de una inercia histórica, una etiqueta heredada o una descripción incompleta.

CCOO defiende que los grupos profesionales ordenen la realidad, no que la oculten. Si una persona desempeña funciones de mayor complejidad o responsabilidad que las reconocidas, debe revisarse su encuadramiento. Si un puesto ha evolucionado por la digitalización, la transición energética o nuevas responsabilidades, su clasificación debe actualizarse.

Una clasificación congelada en el pasado no sirve para una empresa que presume de mirar al futuro.

Manual de funciones: que todo esté escrito y acordado

Uno de los elementos más importantes de nuestra propuesta es el Manual de Funciones y Perfiles Profesionales. Sin un manual claro, acordado y actualizado, la clasificación profesional queda demasiado expuesta a interpretaciones interesadas.

El XIII Convenio establece este manual como anexo inseparable del convenio, acordado con la representación legal de las personas trabajadoras. Su función será detallar el inventario de puestos, sus funciones esenciales y el grupo profesional asignado.

Esta herramienta es clave por varias razones. Primero, permite saber qué funciones corresponden realmente a cada puesto. Después, facilita comprobar si una persona está realizando tareas que exceden su encuadramiento. Finalmente, aporta seguridad jurídica y reduce conflictos.

Desde CCOO defendemos que lo que se exige debe estar escrito. Y si lo que se exige cambia, también debe cambiar el reconocimiento profesional correspondiente.

La movilidad funcional no puede servir para exigir más y reconocer menos

La movilidad funcional puede ser necesaria en determinadas circunstancias. Nadie lo niega. Una organización compleja necesita cierta capacidad de adaptación. Pero esa flexibilidad no puede convertirse en una vía para asignar funciones superiores sin pagar la diferencia ni reconocer el grupo que corresponde.

Aquí nuestra posición es tajante. Si se realizan funciones propias de un grupo superior, debe abonarse de inmediato la diferencia retributiva. Y si esa situación se mantiene durante un periodo relevante, debe producirse el ascenso y la consolidación del grupo superior.

El XIII Convenio recoge que la movilidad funcional no podrá utilizarse para asignar funciones propias de un grupo superior sin el abono inmediato de la diferencia retributiva. También establece que realizar funciones superiores durante más de cuatro meses en un año, u ocho meses en dos años, conllevará el ascenso automático y la consolidación del grupo superior, previa validación objetiva por la Comisión Paritaria de Clasificación.

Esta regla evita una práctica que conocemos demasiado bien: pedir como si se hubiera promocionado, pero pagar como si no. Esa forma de actuar no es flexibilidad. Es desajuste profesional y, en muchos casos, abuso organizativo.

Funciones superiores: reconocer lo que ya se está haciendo

Cuando alguien asume funciones superiores de forma continuada, la realidad ya ha cambiado. No tiene sentido mantener el encuadramiento anterior como si nada hubiera pasado.

Desde CCOO defendemos que el trabajo real debe prevalecer sobre la etiqueta formal. Si una persona realiza tareas de mayor responsabilidad, complejidad o impacto, debe recibir el reconocimiento correspondiente. No basta con decir que “colabora”, que “apoya” o que “asume temporalmente” determinadas funciones cuando esa situación se convierte en estructural.

El problema no es solo económico. También afecta a la dignidad profesional. Quien hace trabajo de grupo superior debe ser tratado como tal. Y quien sostiene funciones críticas no puede quedar atrapado en una clasificación que ya no describe su aportación real.

La carrera profesional empieza por llamar a cada cosa por su nombre.

Igualdad retributiva: trabajos de igual valor deben tener igual reconocimiento

La clasificación profesional también es una herramienta de igualdad. Si los puestos no se valoran correctamente, pueden generarse desigualdades retributivas difíciles de detectar. Dos trabajos distintos pueden tener igual valor si exigen competencias, esfuerzo, responsabilidad y condiciones comparables.

Por eso el XIII Convenio conecta la clasificación profesional con el principio de igualdad de retribución para trabajos de igual valor. El encuadramiento debe realizarse mediante una valoración analítica que evite sesgos y permita comparar puestos de manera objetiva.

Esta idea es especialmente importante para corregir desigualdades históricas. Algunos trabajos han sido infravalorados por estar asociados a determinadas áreas, por tener menor visibilidad o por no encajar en los modelos tradicionales de reconocimiento. Otros han evolucionado y acumulan competencias que la clasificación antigua no recogía.

CCOO defiende que el valor del trabajo se mida con criterios objetivos, no con inercias culturales ni con jerarquías heredadas.

Clasificación profesional

La Comisión Paritaria debe resolver, no solo escuchar

Para que todo esto funcione, hace falta un órgano con capacidad real de intervención. No basta con crear una comisión que reciba quejas, tome nota y emita opiniones sin efectos prácticos.

El documento argumental plantea que la Comisión de Clasificación Profesional debe abandonar su carácter meramente consultivo para constituirse como órgano garante y decisorio del desarrollo profesional objetivo y transparente, con competencias vinculantes.

Este cambio es esencial. La plantilla necesita un cauce eficaz para solicitar revisión de encuadramiento, denunciar la asunción de funciones superiores o reclamar una valoración más justa del puesto.

Además, el Anexo II del documento argumental refuerza esta idea al establecer un procedimiento vinculante para la creación, supresión, actualización y valoración del catálogo de puestos de trabajo, así como para la adscripción inicial, movilidad funcional y progresión profesional dentro de los grupos y niveles.

La clasificación profesional no puede depender solo de quien organiza el trabajo. Debe existir control paritario, plazos claros y resoluciones efectivas.

Actualizar puestos en una empresa que cambia

Red Eléctrica está inmersa en un contexto de transformación tecnológica, transición energética, digitalización, nuevas herramientas, nuevos riesgos y nuevas formas de organizar el trabajo. Esa realidad cambia los puestos. Cambia las competencias necesarias. Cambia la responsabilidad. Cambia la carga mental. Cambia, en definitiva, el valor profesional de muchas funciones.

Por eso la clasificación no puede quedar congelada durante años. Debe actualizarse cuando cambien las funciones, cuando se incorporen nuevas tecnologías, cuando se asignen responsabilidades adicionales o cuando un puesto evolucione de forma sustancial.

El documento argumental advierte precisamente de la desconexión entre algunas definiciones tradicionales y las nuevas competencias digitales necesarias para la transición energética, lo que dificulta la correcta ubicación de perfiles híbridos.

Desde CCOO defendemos que la modernización de la empresa debe ir acompañada de modernización en el reconocimiento profesional. No se puede pedir plantilla del siglo XXI con clasificación del siglo XX.

Lo que defendemos

CCOO defiende una clasificación profesional objetiva, actualizada y vinculada a las funciones reales. Queremos que cada puesto sea valorado por sus competencias, esfuerzo, responsabilidad y condiciones de trabajo. Reclamamos un Manual de Funciones acordado con la representación legal de la plantilla, capaz de reflejar el inventario real de puestos y sus funciones esenciales.

También exigimos que la movilidad funcional no sirva para asignar funciones superiores sin reconocimiento. Si una persona realiza trabajo de grupo superior, debe cobrar la diferencia desde el primer momento. Si esa situación se prolonga, debe consolidarse el ascenso.

Defendemos, además, una Comisión Paritaria de Clasificación Profesional con capacidad real para resolver discrepancias, revisar encuadramientos y garantizar la igualdad retributiva para trabajos de igual valor.

Conclusión: que el convenio reconozca lo que la plantilla ya hace

La clasificación profesional no puede ser un decorado. Tiene que describir la realidad. Tiene que reconocer el trabajo que se hace, la responsabilidad que se asume, el esfuerzo que se soporta y las condiciones en las que se presta el servicio.

Desde CCOO defendemos que el puesto reconocido se parezca al trabajo real. Parece una frase sencilla, pero encierra una reivindicación de fondo: que nadie trabaje por encima de su grupo sin reconocimiento, que nadie vea invisibilizada su responsabilidad y que nadie quede atrapado en una clasificación desfasada.

Una carrera profesional justa empieza por una clasificación profesional justa. Porque no se puede progresar correctamente si el punto de partida está mal definido. Y no se puede hablar de reconocimiento si el convenio no mira de frente lo que la plantilla ya está haciendo cada día.

Clasificar bien es reconocer bien. Y reconocer bien es una obligación sindical, laboral y democrática.

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