Del nivel básico al consolidado: tres años deben ser suficientes
Consolidar no puede convertirse en una espera indefinida
Toda carrera profesional necesita una primera certeza: saber cuándo deja una persona de estar en fase de entrada y pasa a ser reconocida como profesional plenamente consolidada. Parece una cuestión básica, casi de sentido común. Sin embargo, en muchas empresas esa frontera se convierte en una zona gris donde la plantilla trabaja, aprende, asume responsabilidades y cumple objetivos, pero sigue esperando el reconocimiento que ya debería corresponderle.
Desde CCOO lo decimos con claridad: el nivel básico no puede convertirse en una estación de paso interminable. Tiene sentido que exista una fase inicial de adaptación, integración y aprendizaje. Lo que no tiene sentido es que esa fase se prolongue más allá de lo razonable o quede condicionada por criterios subjetivos, vacantes inexistentes o valoraciones poco transparentes.
Por eso defendemos que el paso del nivel básico al nivel consolidado se produzca de forma automática al cumplirse tres años de antigüedad efectiva en el puesto. Tres años son suficientes para acreditar integración, conocimiento del trabajo, autonomía y desempeño real. Después de ese periodo, mantener a una persona en situación de expectativa no es prudencia organizativa; es falta de reconocimiento.
El nivel básico debe ser una etapa, no una categoría de permanencia
El nivel de ingreso o básico tiene una función concreta. Sirve para que la persona se adapte al puesto, conozca la cultura de la empresa, adquiera las competencias específicas y se integre en los procedimientos propios de Red Eléctrica. Nadie discute que ese periodo exista. La cuestión es cuánto debe durar y qué garantías debe tener.
Nuestro planteamiento es equilibrado. No defendemos eliminar la etapa de aprendizaje, ni ignorar que cada puesto requiere un tiempo de maduración. Lo que rechazamos es que esa etapa pueda utilizarse para contener artificialmente la progresión profesional o salarial de quienes ya están desarrollando sus funciones con plena normalidad.
El texto que defendemos establece que la permanencia en el nivel de ingreso o básico tendrá una duración máxima, automática e improrrogable de tres años desde la incorporación al puesto. También recoge que el nivel consolidado corresponde al desempeño de las funciones con plena autonomía, suficiencia técnica y eficacia.
Esa formulación es importante porque transforma una expectativa en una regla clara. La persona sabe cuánto dura la fase inicial, la empresa sabe cuándo debe reconocer la consolidación y la representación sindical puede controlar que el sistema se cumpla.
La continuidad en el puesto ya acredita mucho
Hay una idea que conviene subrayar. Si una persona supera el periodo de prueba, permanece en el puesto, desarrolla sus tareas y responde a las exigencias ordinarias del trabajo durante tres años, resulta difícil sostener que aún no ha demostrado su aptitud profesional.
La consolidación no debería tratarse como un premio extraordinario. Debe entenderse como el reconocimiento lógico de una realidad ya existente. Quien lleva tres años prestando servicios efectivos en un puesto ha superado ampliamente la fase de comprobación inicial. Ha aprendido los procedimientos, ha interiorizado responsabilidades, ha trabajado con equipos, ha respondido ante incidencias y ha contribuido al funcionamiento ordinario de la empresa.
Por eso defendemos que el acceso al nivel consolidado no pueda condicionarse a evaluaciones subjetivas ni a la existencia de vacantes. El propio texto del XIII Convenio señala que la continuidad en la empresa tras el periodo de prueba acredita la aptitud para el desempeño consolidado.
Esta idea es sencilla, pero muy potente. Si la empresa considera que alguien no cumple con sus obligaciones, tiene cauces laborales y disciplinarios para actuar con garantías. Lo que no puede hacer es mantener indefinidamente una duda genérica sobre su consolidación profesional.
Fuera la “contribución no negativa” como mecanismo de bloqueo
Uno de los grandes problemas de determinados modelos de carrera profesional es el uso de conceptos ambiguos. Expresiones como “contribución no negativa” pueden parecer inocuas, incluso razonables a primera vista. Pero en la práctica abren la puerta a vetos invisibles, valoraciones imposibles de discutir y decisiones que la plantilla no siempre puede comprender ni impugnar con garantías.
Desde CCOO defendemos que la progresión profesional debe basarse en criterios objetivos, neutros y verificables. El documento argumental del XIII Convenio identifica precisamente la “contribución no negativa” como un concepto indeterminado que puede permitir vetos discrecionales o criterios opacos. La propuesta sindical elimina ese mecanismo y plantea que el ascenso de básico a consolidado sea automático a los tres años.
No estamos diciendo que el desempeño no importe. Claro que importa. Lo que decimos es que no puede utilizarse una fórmula genérica para bloquear el avance de una persona sin métricas auditables, sin explicación suficiente y sin derecho real de contraste.
La profesionalidad no se mide con impresiones vagas. Se mide con hechos, funciones desempeñadas, formación acreditada, responsabilidad asumida, experiencia efectiva y cumplimiento de criterios conocidos previamente.
Tres años: una regla clara, razonable y defendible
La propuesta de CCOO no nace de un capricho. Tres años es un plazo razonable para distinguir entre la fase de incorporación y el desempeño consolidado. Permite aprender, corregir, madurar técnicamente y adquirir autonomía. Al mismo tiempo, evita que la persona trabajadora permanezca demasiado tiempo en una posición inferior a la realidad de su aportación.
Al fijar ese límite, ganamos todos. La plantilla gana seguridad y reconocimiento. La empresa gana claridad, previsibilidad y compromiso. La representación sindical gana capacidad de control. Además, se reduce la sensación de arbitrariedad que tanto daño hace en cualquier organización.
El artículo 13 del texto del XIII Convenio recoge expresamente que la progresión del nivel básico al consolidado se producirá automáticamente al cumplirse tres años de antigüedad efectiva en el puesto, siempre que no exista sanción disciplinaria firme grave o muy grave.
Ese matiz también es relevante. No se trata de ignorar incumplimientos graves. Se trata de impedir que cualquier valoración subjetiva, informal o poco trazable bloquee una progresión que debe operar como regla general.
La consolidación también debe tener efectos económicos reales
La carrera profesional no puede quedarse en una declaración bonita. Si se reconoce el nivel consolidado, ese reconocimiento debe tener traducción retributiva clara. De lo contrario, estaríamos ante un cambio nominal, no ante una mejora efectiva.
Por eso el XIII Convenio vincula la progresión profesional con la progresión económica. En materia retributiva, el texto plantea que el acceso al nivel consolidado desde el nivel básico se produzca de forma estrictamente automática por el mero transcurso del tiempo, fijando el periodo máximo en tres años de prestación de servicios efectivos. Además, suprime expresamente criterios subjetivos o discrecionales como la “contribución no negativa” para la consolidación salarial.
Este punto resulta fundamental. No basta con decir que alguien ya está consolidado. Hay que reconocerlo en su salario, en su encuadramiento y en su carrera futura. La consolidación debe notarse en la vida real, no solo en un documento interno.
Además, el propio texto contempla un escalado económico durante esos tres años, integrando progresivamente la diferencia retributiva entre el nivel básico y el consolidado. De esta forma, la persona no queda atrapada durante todo el periodo en una brecha salarial rígida, sino que ve reconocido su avance año a año.
La experiencia previa también debe contar
Otro elemento importante es el cómputo de la experiencia anterior. No tendría sentido que una persona que ya ha trabajado para la empresa, o en funciones equivalentes, tuviera que empezar siempre desde cero como si su trayectoria no existiera.
CCOO defiende que se compute íntegramente el tiempo trabajado bajo cualquier modalidad contractual previa cuando se trate de la misma familia funcional. Esto incluye contratación formativa, contratos en prácticas o periodos prestados a través de empresas de trabajo temporal. El texto del XIII Convenio recoge esta garantía para el cálculo de los tres años necesarios para la progresión al nivel consolidado.
La razón es evidente. La experiencia real no desaparece por el tipo de contrato utilizado. Si una persona ha adquirido competencias, ha trabajado en una familia funcional concreta y ha contribuido a la actividad de la empresa, ese tiempo debe tener valor.
No reconocerlo sería penalizar trayectorias laborales previas y perpetuar desigualdades entre quienes han entrado por vías distintas. Una carrera profesional justa debe mirar el trabajo realizado, no solo la etiqueta contractual que tuvo en cada momento.
Objetividad también significa igualdad
La progresión automática al nivel consolidado tiene otra virtud: reduce los espacios donde pueden colarse sesgos. Cuando una decisión depende excesivamente de valoraciones personales, disponibilidad informal, afinidad con la jefatura o visibilidad dentro de determinados departamentos, la igualdad real queda debilitada.
Un sistema objetivo protege especialmente a quienes pueden quedar fuera del foco. Hablamos de personas con responsabilidades familiares, trabajadores y trabajadoras de centros periféricos, colectivos con menor visibilidad, personas que no participan en determinados circuitos informales o quienes simplemente cumplen bien su trabajo sin necesidad de exhibirse constantemente.
La objetividad no elimina la exigencia. La ordena. Permite que todo el mundo conozca las reglas y que nadie tenga que adivinar qué espera la organización para reconocerle lo que ya está haciendo.
Por eso esta reivindicación no es solo salarial. También es una garantía de igualdad, de transparencia y de respeto profesional.

No queremos favores: queremos derechos aplicables
Hay una diferencia enorme entre que la empresa “pueda reconocer” una consolidación y que el convenio “deba garantizarla” cuando se cumplen los requisitos. En el primer caso hablamos de una facultad empresarial. En el segundo, de un derecho de la persona trabajadora.
CCOO quiere situar esta cuestión en el terreno de los derechos. Cuando una persona cumple tres años de antigüedad efectiva en el puesto, no debería tener que esperar una decisión discrecional. Tampoco debería depender de si hay vacante, de si el presupuesto acompaña o de si su responsable considera que “todavía no es el momento”.
Si el puesto se desempeña, la consolidación debe reconocerse. Si la persona ha acreditado su capacidad con el trabajo diario, no hay razón para prolongar artificialmente su situación de ingreso. Y si la empresa quiere exigir más, debe hacerlo con criterios previos, objetivos y conocidos, no con fórmulas abiertas que nadie puede controlar.
Una medida sencilla que cambia la cultura laboral
A veces, los grandes cambios no dependen de frases grandilocuentes, sino de reglas claras. Esta es una de ellas. Tres años para consolidar. Progresión automática. Sin evaluaciones subjetivas. Sin vacantes como excusa. Sin vetos invisibles. Con efectos económicos reales.
Esa regla cambia la relación entre plantilla y empresa. Aporta confianza, reduce incertidumbre y evita agravios. También transmite un mensaje muy claro a las nuevas incorporaciones: en Red Eléctrica se puede construir una carrera profesional seria, con etapas previsibles y reconocimiento efectivo.
La empresa necesita atraer y retener talento. Para lograrlo, no basta con hablar de compromiso, transformación tecnológica o futuro energético. También hay que ofrecer una carrera profesional creíble. Y una carrera creíble empieza por reconocer a tiempo a quienes ya han demostrado que forman parte del proyecto.
Conclusión: tres años deben bastar
Desde CCOO defendemos que el paso del nivel básico al nivel consolidado debe producirse automáticamente tras tres años de prestación efectiva en el puesto. Es una medida razonable, equilibrada y profundamente justa.
No pedimos que se regale nada. Reclamamos que se reconozca lo evidente: quien supera el periodo de prueba, permanece en el puesto, trabaja durante tres años y cumple sus funciones ya ha acreditado sobradamente su aptitud profesional.
La carrera profesional no puede empezar con incertidumbre indefinida. Debe comenzar con una regla clara: el nivel básico es una etapa inicial, no una forma barata de mantener contenida la progresión de la plantilla.
Tres años deben ser suficientes. Después de ese tiempo, corresponde consolidar, reconocer y retribuir como merece quien ya sostiene con su trabajo diario la actividad de la empresa. Esa es la posición de CCOO. Esa es la carrera profesional que defendemos.
