Soberanía del tiempo de trabajo

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Recuperar el control del tiempo: qué significa soberanía del tiempo

El tiempo de trabajo también es un espacio de poder

Cuando hablamos de jornada, muchas veces pensamos solo en cuántas horas se trabajan al año. Es lógico. La cifra importa. No es lo mismo una jornada anual de 1.686 horas que una de 1.640 o una de 1.592. Cada reducción cuenta, cada hora recuperada tiene valor y cada avance en el convenio se nota en la vida diaria de la plantilla.

Pero hay una cuestión igual de importante: quién controla ese tiempo.

Desde CCOO defendemos que el XIII Convenio debe avanzar no solo en la reducción de jornada, sino también en la soberanía del tiempo. Esta expresión puede sonar nueva, pero responde a una realidad muy concreta. Significa que la persona trabajadora debe tener capacidad real para ordenar su jornada, planificar su vida y no quedar sometida a una disponibilidad permanente o a decisiones unilaterales que alteran su organización personal.

El tiempo no es una pieza menor del convenio. Es una de las grandes cuestiones laborales de nuestro tiempo. Porque quien controla tu tiempo, condiciona tu vida.

No basta con reducir horas si la empresa sigue decidiendo todo

Reducir jornada es imprescindible, pero no suficiente. Podemos tener una jornada anual más baja y, aun así, mantener una organización del trabajo rígida, imprevisible o desequilibrada. Podemos reducir horas sobre el papel y, al mismo tiempo, conservar una cultura laboral en la que la plantilla siga teniendo poca capacidad para planificar su día.

Por eso, la propuesta del XIII Convenio no debe limitarse a una cifra anual. Debe abordar también cómo se distribuye esa jornada, quién decide los márgenes de flexibilidad y qué garantías existen para que el tiempo recuperado no vuelva a perderse por otras vías.

El texto propuesto para el artículo 16 avanza precisamente en esa dirección. Plantea que la distribución irregular de la jornada solo pueda aplicarse mediante acuerdo expreso con la Representación Legal de las Personas Trabajadoras y con un límite máximo del 5% de la jornada anual. También sitúa la jornada continuada como referencia ordinaria para el personal de oficina no sujeto a regímenes especiales.

Ese enfoque es importante. La jornada no puede quedar al albur de cada centro, de cada jefatura o de cada necesidad organizativa formulada de manera genérica. La empresa tiene derecho a organizar el trabajo, claro que sí. Pero ese derecho debe convivir con límites, garantías y participación sindical.

Soberanía del tiempo no significa desorganización

Conviene aclararlo bien, porque este debate suele prestarse a caricaturas. Defender la soberanía del tiempo no significa que cada persona haga lo que quiera, cuando quiera y sin coordinación alguna. Esa no es nuestra propuesta.

Lo que defendemos es otra cosa: una organización madura, pactada y racional, en la que la plantilla disponga de márgenes reales para gestionar su jornada sin que cada decisión dependa de una autorización discrecional.

La empresa necesita planificación. Nadie lo discute. Pero la plantilla también necesita previsibilidad. Necesita saber a qué hora empieza, a qué hora termina, cuándo puede organizar una cita personal, cuándo puede recoger a sus hijos, cuándo puede cuidar a una persona mayor, cuándo puede descansar o simplemente cuándo puede disponer de su vida sin estar pendiente de cambios constantes.

La soberanía del tiempo nace de esa idea sencilla: la organización del trabajo no puede construirse siempre desde la comodidad empresarial. También debe construirse desde la vida real de las personas trabajadoras.

La jornada continuada como base de una vida más ordenada

Uno de los elementos más relevantes de la propuesta es situar la jornada continuada como principio ordinario para el personal de oficina excluido de sistemas de turno rotativo. El texto plantea un horario base de siete horas diarias de lunes a viernes y una franja de flexibilidad de entrada entre las 07:00 y las 09:30 horas, con un periodo de coincidencia obligatoria estrictamente acotado entre las 09:30 y las 13:30 horas.

Este planteamiento tiene más profundidad de la que parece. La jornada continuada no es solo una preferencia horaria. Es una forma de ordenar mejor el día. Reduce interrupciones, favorece la concentración, limita el presencialismo y permite que la vida personal no quede permanentemente subordinada al trabajo.

Además, una franja común bien delimitada permite mantener coordinación sin imponer rigidez absoluta. No hace falta controlar cada minuto para que una organización funcione. Hace falta confianza, claridad, responsabilidad y reglas pactadas.

La plantilla de Red Eléctrica ha demostrado sobradamente su profesionalidad. Por tanto, el convenio debe tratarla como lo que es: una plantilla adulta, cualificada y responsable.

soberanía del tiempo

El problema de la disponibilidad invisible

Uno de los grandes riesgos actuales no siempre aparece en las tablas de jornada. Es la disponibilidad invisible. Esa sensación de que la jornada formal termina, pero el trabajo sigue ocupando espacio mental. Esa costumbre de estar pendiente de un correo, de una llamada, de un mensaje, de una tarea que se desliza fuera del horario ordinario o de una expectativa no escrita de respuesta rápida.

Aquí conviene ser claros. Si una persona termina su jornada, debe poder terminar también su relación efectiva con el trabajo hasta el día siguiente, salvo supuestos excepcionales debidamente regulados. Lo contrario vacía de contenido cualquier reducción de jornada.

Porque una jornada puede reducirse en horas oficiales y, sin embargo, expandirse por la vía de la disponibilidad permanente. Eso no es modernidad. Eso es una invasión silenciosa del tiempo personal.

La soberanía del tiempo exige que la jornada tenga principio y final. Exige que la empresa respete los límites. También exige que la cultura interna deje de premiar, de forma directa o indirecta, a quien está siempre disponible.

La autogestión no es un privilegio, es corresponsabilidad

El texto del XIII Convenio incorpora una idea especialmente importante: la distribución y ejecución de las horas necesarias para alcanzar el cómputo anual debe ser administrada y autogestionada por la persona trabajadora. La propuesta elimina la capacidad de la empresa y de las jefaturas para imponer unilateralmente bloques de horas de tarde de obligado cumplimiento.

Esta idea tiene un enorme valor sindical. Supone pasar de una lógica de control a una lógica de corresponsabilidad. La persona trabajadora no es una pieza pasiva a la que se le mueve la jornada desde arriba. Es parte activa de la organización del tiempo.

Durante años se ha hablado mucho de compromiso. Bien. Pues el compromiso debe ser bidireccional. La plantilla cumple, responde y sostiene el trabajo diario. La empresa, por su parte, debe reconocer márgenes reales de autonomía y dejar de tratar el tiempo personal como una reserva disponible para cubrir desajustes organizativos.

La autogestión bien regulada no debilita la organización. La mejora. Reduce fricciones, aumenta la confianza y permite adaptar mejor el trabajo a la realidad cotidiana.

Planificar la vida también es un derecho

Hay una frase que resume muy bien este debate: no se puede conciliar lo que no se puede prever.

Cuando la jornada depende de decisiones cambiantes, autorizaciones inciertas o criterios poco transparentes, la vida personal queda en suspenso. Se hace difícil organizar cuidados, formación, descanso, actividad física, citas médicas, responsabilidades familiares o cualquier proyecto personal.

La soberanía del tiempo no es una aspiración abstracta. Es poder mirar la semana y saber, con razonable seguridad, cómo se ordenará el trabajo. Es poder comprometerse con la propia vida sin miedo a que una decisión de última hora lo desmonte todo. Es no tener que pedir perdón por necesitar tiempo fuera del trabajo.

Desde CCOO creemos que esa idea debe estar en el centro del XIII Convenio. Una empresa seria debe ser capaz de planificar sus necesidades sin trasladar permanentemente la incertidumbre a la plantilla.

El convenio debe poner límites claros

La negociación colectiva existe precisamente para equilibrar poderes. Si todo queda en manos de la organización unilateral de la empresa, la plantilla pierde capacidad de decisión sobre aspectos esenciales de su vida. Por eso, el convenio debe establecer límites claros, garantías escritas y mecanismos de control sindical.

No basta con confiar en la buena voluntad. Las buenas prácticas son positivas, pero los derechos laborales no pueden depender solo de ellas. Deben quedar regulados con precisión.

La soberanía del tiempo requiere reglas sobre jornada, distribución, flexibilidad, autogestión, periodos de coincidencia, límites a la distribución irregular y derecho efectivo al descanso. Cuando esas reglas existen, se reduce la arbitrariedad. Cuando no existen, cada departamento puede convertirse en un mundo y cada mando en un filtro distinto.

CCOO no defiende una organización caótica. Defendemos una organización pactada, transparente y respetuosa con la vida de la plantilla.

Una empresa moderna también se reconoce por cómo respeta el tiempo

Red Eléctrica tiene una función esencial y una plantilla altamente cualificada. Precisamente por eso, el modelo laboral debe estar a la altura. No basta con hablar de transición energética, digitalización o excelencia técnica si después el tiempo de las personas sigue sometido a inercias antiguas.

Una empresa moderna no es solo la que incorpora nuevas tecnologías. También es la que entiende que el tiempo de su plantilla tiene valor. La que sabe que la eficiencia no se construye con disponibilidad permanente. La que asume que la vida personal no es un obstáculo para el trabajo, sino una dimensión que debe ser respetada.

Desde CCOO defendemos que la soberanía del tiempo debe formar parte del corazón del XIII Convenio. Porque reducir jornada importa, pero controlar mejor esa jornada importa tanto como reducirla. Porque el tiempo no puede ser una variable de ajuste. Porque el derecho al descanso no puede quedarse en una declaración bonita. Y porque una plantilla que sostiene una actividad esencial merece algo más que reconocimiento retórico.

Merece tiempo. Merece previsibilidad. Merece respeto.

En definitiva, recuperar el control del tiempo es recuperar una parte fundamental de la dignidad laboral. Y esa debe ser una de las grandes conquistas del XIII Convenio.

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