Tardes impuestas: una dinámica a cambiar

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El fin de las tardes impuestas: autogestión frente a bloques forzosos

El tiempo de la plantilla no puede organizarse como una reserva empresarial

Hay debates laborales que parecen técnicos, pero que en realidad afectan de lleno a la vida cotidiana de la plantilla. Uno de ellos es la forma en que se organiza el cómputo anual de jornada y, en particular, la posibilidad de que la empresa retenga, programe o imponga determinados bloques de tiempo fuera de la jornada ordinaria.

Desde CCOO lo decimos con claridad: las tardes impuestas deben desaparecer como mecanismo ordinario de organización del tiempo de trabajo. No porque la empresa no necesite planificar, sino porque la planificación no puede construirse siempre sobre la disponibilidad unilateral de la plantilla.

La propuesta del XIII Convenio recoge una idea esencial: queda suprimida la capacidad de la empresa y de las jefaturas para programar, retener o imponer unilateralmente bloques de horas de tarde de obligado cumplimiento. Además, plantea que la distribución y ejecución de las horas necesarias para alcanzar el cómputo anual sea administrada y autogestionada por la persona trabajadora.

Ese cambio no es menor. Supone pasar de una lógica de control a una lógica de corresponsabilidad.

La tarde no puede ser una prolongación cautiva de la jornada

Durante mucho tiempo se ha normalizado una idea peligrosa: que la empresa puede disponer de determinadas tardes como si fueran una especie de reserva horaria pendiente de activar. Esa práctica genera una sensación muy concreta en la plantilla: la jornada no termina del todo, porque siempre puede quedar una parte del día condicionada por necesidades organizativas.

El problema no es solo cuántas horas se trabajan. También importa cómo se distribuyen y quién decide esa distribución. Una tarde impuesta rompe la previsibilidad del día, dificulta la conciliación, interrumpe planes personales y transmite la idea de que el tiempo fuera de la jornada ordinaria está parcialmente bajo tutela empresarial.

Eso no es soberanía del tiempo. Es disponibilidad encubierta.

Desde CCOO defendemos que la plantilla debe poder ordenar su vida con seguridad. Una persona trabajadora no puede vivir con la agenda permanentemente subordinada a una posible prolongación decidida desde arriba. El convenio debe poner límites claros a esa forma de organización.

Autogestión no significa falta de compromiso

Conviene desmontar una caricatura habitual. Cuando defendemos la autogestión del cómputo anual, no estamos diciendo que cada persona actúe sin coordinación ni responsabilidad. Estamos diciendo que la plantilla debe tener margen real para organizar el cumplimiento de su jornada dentro de unas reglas pactadas, transparentes y razonables.

La profesionalidad no depende de que una jefatura imponga bloques de tarde. La plantilla de Red Eléctrica ha demostrado sobradamente su responsabilidad. Cumple objetivos, sostiene procesos críticos, responde ante exigencias técnicas y mantiene un nivel de compromiso muy alto. Precisamente por eso, el convenio debe tratarla como una plantilla adulta.

La autogestión bien regulada no debilita la organización. La mejora. Reduce tensiones innecesarias, evita la arbitrariedad y permite adaptar mejor el trabajo a la realidad de cada persona sin perjudicar el funcionamiento colectivo.

Una empresa moderna no necesita controlar cada tramo horario para garantizar el compromiso. Necesita confiar más, planificar mejor y dejar de utilizar la tarde como colchón organizativo.

El viejo modelo genera desigualdad entre departamentos

Uno de los problemas de los sistemas basados en bloques forzosos o decisiones departamentales es que terminan aplicándose de manera desigual. En unos equipos se gestionan con flexibilidad. En otros se convierten en una obligación rígida. En algunos casos dependen del criterio razonable de una jefatura. En otros, de una cultura de control difícil de justificar.

Esa desigualdad no es aceptable.

Los derechos de jornada no pueden depender del departamento en el que se trabaje ni del mando que toque en cada momento. Si una medida afecta al tiempo de vida de la plantilla, debe estar regulada en convenio de forma clara. Lo contrario genera agravios, incertidumbre y una sensación permanente de discrecionalidad.

Desde CCOO defendemos que el XIII Convenio debe reducir esos márgenes de arbitrariedad. La organización del tiempo debe tener reglas comunes, conocidas y protegidas. No puede funcionar como una suma de prácticas informales.

tardes impuestas

La empresa debe planificar mejor, no disponer más

Cuando una empresa necesita recurrir de forma habitual a tardes impuestas, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿estamos ante una necesidad real o ante una mala organización del trabajo?

No todo problema de planificación puede resolverse colocando más carga sobre la agenda de la plantilla. A veces hay que revisar procesos. Otras veces hay que ordenar mejor las reuniones. En ocasiones hay que distribuir tareas de forma más racional. También puede ocurrir que exista un problema de recursos que no debe ocultarse detrás de prolongaciones horarias.

La facilidad para disponer de tardes puede terminar tapando ineficiencias. Si siempre existe una reserva de tiempo que puede activarse desde arriba, la organización tiene menos incentivos para planificar bien desde el principio.

Por eso, acabar con los bloques forzosos también es una forma de exigir mejor gestión. No se trata solo de proteger a la plantilla, aunque eso ya sería suficiente. También se trata de empujar a la empresa hacia una organización más profesional, más previsible y más eficiente.

El tiempo personal no es un resto disponible

Hay una idea de fondo que debe quedar clara: el tiempo personal no es lo que sobra después de que la empresa haya organizado sus necesidades. La vida de la plantilla no puede construirse con los huecos que deja el trabajo.

Cada tarde tiene valor. Puede dedicarse a cuidados, descanso, deporte, formación, familia, participación social o simplemente a no hacer nada. Y conviene decirlo sin complejos: también tenemos derecho a no hacer nada fuera de la jornada. El descanso no necesita justificarse.

Cuando una tarde queda bloqueada o condicionada por una posible obligación laboral, ese tiempo deja de ser plenamente propio. Aunque finalmente no se utilice, ya ha sido parcialmente ocupado. Porque planificar la vida exige certezas, no solo horas libres sobre el papel.

La soberanía del tiempo empieza ahí: en reconocer que el tiempo fuera de la jornada pertenece a la persona trabajadora, no a la empresa.

La comunicación funcional debe sustituir a la autorización discrecional

La propuesta del XIII Convenio plantea que la prolongación voluntaria de la jornada base para alcanzar, en su caso, el cómputo anual no requiera autorización previa, bastando la mera comunicación funcional al responsable de la unidad.

Este matiz es muy importante. Cambia la lógica del sistema. La persona trabajadora no pide permiso como si estuviera reclamando una concesión. Comunica cómo organiza su jornada dentro de un marco regulado.

Eso no elimina la coordinación. La ordena mejor. El responsable conoce la planificación, pero no convierte cada decisión de autogestión en un trámite sometido a aprobación discrecional. La diferencia es relevante. Donde hay autorización previa, puede haber bloqueo, demora o arbitrariedad. Donde hay comunicación funcional, hay responsabilidad compartida.

CCOO defiende este modelo porque encaja mejor con una plantilla cualificada. Menos tutela innecesaria y más confianza profesional.

La autogestión también mejora el clima laboral

El modo en que se organiza el tiempo influye directamente en el clima laboral. Cuando la plantilla siente que no controla su jornada, aumenta la frustración. Cuando cada ajuste requiere permiso, explicación o negociación informal, se genera desgaste. Cuando las tardes pueden quedar condicionadas por decisiones unilaterales, la confianza se deteriora.

En cambio, un modelo de autogestión regulada transmite respeto. Reconoce que la persona trabajadora sabe organizar su tiempo. Refuerza la responsabilidad individual. Reduce conflictos pequeños, pero constantes. También evita esa sensación de infantilización que aparece cuando cualquier margen horario debe pasar por el filtro de una autorización.

La confianza no se proclama. Se practica. Y una de las formas más claras de practicarla es permitir que la plantilla gestione su tiempo dentro de reglas claras.

Una conquista concreta para una vida más ordenada

El fin de las tardes impuestas no es un asunto menor dentro del XIII Convenio. Es una conquista muy concreta. De esas que se notan en la agenda, en la familia, en el descanso y en la forma de vivir la semana.

No hablamos de una declaración general sobre conciliación. Hablamos de cambiar un mecanismo real de organización del tiempo. Hablamos de impedir que la empresa retenga bloques horarios como si fueran una reserva disponible. Hablamos de trasladar a la plantilla capacidad efectiva para administrar su cómputo anual.

Desde CCOO creemos que este cambio debe formar parte del corazón de la subcategoría “Jornada y soberanía del tiempo”. Porque la soberanía del tiempo no se consigue solo reduciendo horas. También se consigue evitando que las horas restantes sean organizadas unilateralmente.

Más autonomía, más responsabilidad, más dignidad

El XIII Convenio debe servir para modernizar la relación laboral en Red Eléctrica. Y modernizar no significa poner palabras nuevas a prácticas antiguas. Significa revisar de verdad cómo se distribuye el poder dentro de la jornada.

Las tardes impuestas representan una forma antigua de organizar el trabajo: la empresa decide, la plantilla se adapta. La autogestión representa un modelo más equilibrado: la empresa planifica, la plantilla cumple y ambas partes respetan reglas pactadas.

Desde CCOO defendemos este segundo modelo. Porque es más justo. Porque es más eficiente. Porque reduce arbitrariedad. Porque mejora la vida diaria. Y porque una plantilla responsable merece una organización del tiempo basada en la confianza, no en la imposición.

El tiempo de la plantilla no puede seguir siendo una reserva silenciosa al servicio de la empresa. Tiene valor. Tiene dueño. Y debe estar protegido en convenio.

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