Desconexión digital: el derecho a apagar también debe estar en el convenio
Uno de los grandes riesgos del teletrabajo no está en trabajar desde casa. Está en no dejar nunca de trabajar. Cuando el ordenador queda cerca, el móvil corporativo sigue encendido y los correos llegan a cualquier hora, la jornada puede extenderse de forma silenciosa hasta ocupar espacios que pertenecen a la vida personal.
Desde CCOO creemos que el XIII Convenio debe abordar esta cuestión con claridad. El derecho a la desconexión digital no puede quedar reducido a una frase amable dentro de una política interna. Tampoco puede depender exclusivamente de la voluntad individual de cada persona trabajadora. Si la organización sigue enviando mensajes, convocando reuniones o generando presión fuera de horario, el problema no se resuelve diciendo “no contestes”.
La desconexión digital debe ser un derecho real, regulado, exigible y supervisado. Para eso tiene que estar en el convenio.
Teletrabajar no significa estar siempre disponible
El teletrabajo puede mejorar la conciliación, reducir desplazamientos y facilitar una organización más inteligente. Sin embargo, también puede difuminar los límites entre jornada laboral y vida privada si no se regula adecuadamente.
Antes, al salir del centro de trabajo, existía al menos una frontera física. No era perfecta, pero ayudaba. Ahora, con el portátil en casa, el móvil corporativo y las plataformas de mensajería, esa frontera puede desaparecer. El trabajo entra en el hogar, y si no hay reglas claras, termina ocupando más espacio del que le corresponde.
Por eso defendemos una idea básica: trabajar desde casa no puede significar vivir conectado a la empresa. La jornada debe tener principio y final. El descanso diario, los fines de semana, las vacaciones, los permisos y las bajas médicas deben ser tiempos protegidos. No son huecos disponibles para resolver asuntos pendientes.
La empresa compra trabajo dentro de una jornada regulada. No compra disponibilidad ilimitada.
El problema de la disponibilidad silenciosa
La presión digital no siempre adopta formas evidentes. A veces no hay una orden directa. Nadie dice expresamente que haya que responder por la noche. Pero llegan correos a horas intempestivas. Se envían mensajes por Teams fuera de jornada. Se convocan reuniones al límite del horario. Se agradece de forma implícita a quien responde siempre. Se penaliza, aunque sea de manera sutil, a quien protege su tiempo.
Así se construye una cultura de disponibilidad silenciosa.
Ese tipo de presión es especialmente peligrosa porque cuesta identificarla. No siempre aparece en el registro horario. No siempre se reconoce como prolongación de jornada. Tampoco se remunera como hora extraordinaria. Pero genera carga mental, interrumpe el descanso y crea una sensación permanente de alerta.
Desde CCOO queremos cortar esa dinámica de raíz. La desconexión digital no puede depender de la fortaleza psicológica de cada persona. Debe depender de una organización del trabajo sana, con límites técnicos y garantías colectivas.
Del “no contestes” al cierre digital efectivo
Durante demasiado tiempo, muchas empresas han tratado la desconexión digital como una cuestión de buenos modales. Se añade una coletilla al correo, se recomienda no responder fuera de horario y se da el asunto por solucionado. No es suficiente.
La propuesta del XIII Convenio va más allá. Plantea medidas técnicas de cierre digital en los servidores corporativos para garantizar de forma efectiva el derecho a la desconexión fuera de la jornada y durante los periodos de descanso.
Esta idea es clave. Si la empresa tiene medios tecnológicos para organizar el trabajo, también debe tenerlos para proteger el descanso. No basta con pedir autocontrol a la plantilla. Hay que diseñar sistemas que reduzcan la presión fuera de jornada.
El cierre digital puede consistir en demorar mensajes no críticos, limitar notificaciones, bloquear envíos ordinarios fuera de determinados horarios o establecer barreras técnicas en plataformas corporativas. Lo importante es que el derecho deje de ser una recomendación y se convierta en una garantía.

Excepciones sí, pero tasadas y compensadas
Red Eléctrica desarrolla una actividad esencial. Nadie discute que existen funciones críticas, turnos, retenes, operación continua y situaciones de emergencia que requieren atención fuera del horario ordinario. Pero precisamente por eso hay que distinguir bien entre disponibilidad organizada y disponibilidad informal.
Una cosa es estar adscrito a un régimen especial, turno cerrado o retén. Eso debe estar regulado, compensado y sometido a garantías. Otra muy distinta es recibir comunicaciones fuera de jornada sin estar en situación de disponibilidad reconocida.
La propuesta de redacción del XIII Convenio plantea excepciones tasadas para comunicaciones vinculadas estrictamente a emergencias y continuidad del suministro, especialmente cuando la persona esté adscrita en ese momento a turno cerrado o retén. Fuera de esos supuestos, cualquier aviso fuera de jornada debe tener consecuencias laborales claras, incluido su cómputo como tiempo de trabajo cuando proceda.
Este punto es fundamental. La excepcionalidad no puede convertirse en costumbre. Si todo es urgente, nada está bien organizado.
Tecnoestrés y salud laboral
La desconexión digital no es un capricho moderno. Es salud laboral. La exposición permanente a comunicaciones profesionales puede generar fatiga informática, ansiedad, irritabilidad, dificultad para descansar, alteración del sueño y sensación de no terminar nunca la jornada.
El documento de propuesta del XIII Convenio vincula expresamente la desconexión digital con la prevención de riesgos psicosociales, el burnout, la fatiga informática y el tecnoestrés. También la conecta con el derecho al descanso, la intimidad personal y familiar, y la salud laboral de la plantilla.
Desde CCOO compartimos plenamente ese enfoque. La salud no se protege solo con equipos de seguridad, revisiones médicas o evaluaciones de riesgos físicos. También se protege organizando bien el tiempo, evitando la sobrecarga y garantizando que la persona pueda descansar sin sentirse en deuda con la empresa.
El derecho a apagar también es prevención.
Sin represalias, ni directas ni indirectas
La desconexión digital debe ir acompañada de una prohibición clara de represalias. No basta con decir que nadie está obligado a responder fuera de horario. Hay que garantizar que esa falta de respuesta no tendrá consecuencias negativas.
La propuesta del XIII Convenio recoge la prohibición de exigir, sugerir, reiterar o valorar positivamente la respuesta a comunicaciones fuera del horario de trabajo. También plantea que la falta de respuesta durante descansos, fines de semana, festivos, permisos, bajas médicas o vacaciones no pueda justificar amonestaciones ni perjuicios.
Esta protección es necesaria porque las represalias no siempre son formales. A veces aparecen en una evaluación de desempeño, en una oportunidad de promoción, en la asignación de tareas o en un comentario de mando. Por eso la redacción debe ser amplia y contundente.
Nadie debe tener que elegir entre proteger su descanso o parecer menos comprometido.
Control sindical para que no quede en papel mojado
Un derecho sin control acaba dependiendo de la buena voluntad. Y en materia laboral, la buena voluntad no basta. Por eso defendemos que la desconexión digital tenga seguimiento sindical.
La propuesta del XIII Convenio crea una Comisión Paritaria de Trabajo a Distancia, Soberanía y Desconexión Digital. Esta comisión se configura como órgano fiscalizador de los derechos digitales. Entre sus funciones está supervisar la efectividad de las medidas de cierre digital y solicitar informes agregados sobre flujos de comunicación electrónica fuera de jornada para combatir la disponibilidad perpetua no remunerada.
La clave está en los informes agregados. No se trata de controlar individualmente a nadie ni de invadir la privacidad. Se trata de detectar patrones organizativos: departamentos con mensajes constantes fuera de horario, equipos sometidos a urgencias permanentes o dinámicas que esconden prolongaciones de jornada.
Lo que no se mide, se invisibiliza. Y lo que se invisibiliza, termina normalizándose.
Desconexión digital y horas extra encubiertas
Muchas horas extra no empiezan con una orden formal. Empiezan con “míralo cuando puedas”, “te lo mando para que lo tengas”, “es solo un momento” o “contesta si lo ves”. La suma de esos pequeños impactos puede convertirse en tiempo real de trabajo.
Si esa disponibilidad no se registra, no se compensa y no se descansa, estamos ante un problema serio. No solo por la pérdida económica, sino por el desgaste acumulado y la ruptura de los límites de jornada.
La desconexión digital ayuda a evitar esa zona gris. Obliga a ordenar la comunicación, planificar mejor y reconocer cuándo una necesidad es realmente urgente. También impide que la responsabilidad individual tape carencias organizativas.
Desde CCOO lo decimos con claridad: las urgencias reales deben estar reguladas. Las urgencias inventadas deben desaparecer.
El descanso también forma parte de la productividad
Hay una idea que conviene combatir: la de que descansar menos demuestra mayor compromiso. Esa cultura es antigua, injusta y poco inteligente. Una plantilla que descansa trabaja mejor. Decide mejor. Atiende mejor. Se equivoca menos. Enferma menos.
La desconexión digital no va contra la productividad. Va contra la mala organización. Una empresa que necesita invadir constantemente el tiempo personal de su plantilla no está mostrando eficiencia. Está mostrando un problema de planificación.
El XIII Convenio debe impulsar una cultura distinta. Una cultura en la que el respeto a la jornada sea normal, en la que la tecnología se use para facilitar el trabajo y no para extenderlo indefinidamente, y en la que el descanso no sea visto como falta de compromiso.
El derecho a apagar debe quedar blindado
Para CCOO, la desconexión digital debe ser una pieza esencial del teletrabajo y del XIII Convenio. No queremos declaraciones genéricas. Queremos medidas técnicas, excepciones tasadas, prohibición de represalias, control sindical y reconocimiento del impacto del tecnoestrés en la salud laboral.
Trabajar desde casa no puede significar vivir dentro del trabajo. La pantalla se apaga, el móvil descansa y la vida continúa. Esa frontera debe ser respetada.
El teletrabajo será un avance si mejora la vida de la plantilla. Pero dejará de serlo si convierte cada hogar en una oficina abierta las veinticuatro horas. Por eso el derecho a apagar no es secundario. Es una garantía básica de dignidad laboral.
Modernizar la empresa también significa aprender a cerrar la jornada. Y el XIII Convenio debe decirlo con toda claridad: fuera del horario de trabajo, la plantilla tiene derecho a desconectar.
